lunes, 20 de febrero de 2012

Luz en tus manos




Autor desconocido



jueves, 16 de febrero de 2012

Soledad sobre el río...










SOLEDAD SOBRE EL RÍO

César Cortijo
(De La reina oscuridad)


Yo estoy dando vueltas a tu alrededor,
En las últimas ya desnudo, tú también y agachadada,
Nos hemos salido del camino y adentrado en la espesura
Bajando la ribera, los robles denudos en el acaparador
Invierno de Hansel y Gretel. La madera está cortada
Y pisamos cartuchos gastados Forrester,
Son rojos, de muy poco uso. Aquí al menos ha habido un cazador.
Ya no hace falta enumerar ciervos, sus astas portamos
En la cabeza y nuestra mirada ve más allá
Y pisamos ramas que se parten y retumba
Nuestra soledad sobre el río.





Hombre con luz en medio de la noche











La adolescente de los bucles negros

   






  












miércoles, 15 de febrero de 2012

martes, 14 de febrero de 2012

Sara Baras, volando en la noche















El beso














¡Bésame con besos de tu boca, 
pues mejores son que el vino tus amores,
el olor de tu perfume, el aroma
de tu nombre que despacio me penetra,
y por eso las vírgenes se inclinan a tu paso!
¡Llévame hacia ti, rey mío, corramos,
invítame a tu alcoba, disfrútame y gocemos
y déjame que alabe el vino de tu amor,
al hombre entre los hombres más amado!



(El Cantar de los Cantares, versión de Carlos Morales)








domingo, 12 de febrero de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

Frida Khalo con Yesca





Enlaces relacionados

  • Pagina maquetada por Carlos Morales, El toro de Barro.

















Una pequeña licencia del corazón....







Nació el 18 de abril de1930.
Murió el 28 de mayo de 2004. 
Cosillas de la primavera.

Recuerdo el olor a leche de sus brazos peludos, cuando en las mañanas invernales de domingo me envolvía con su cuerpo  bajo las sábanas perfumadas y calientes de una vieja cama de hierro, y me leía con su voz ronca y adormeciente de tabaco cascao
la historia de los Reyes de Israel, y la de su fecunda vida. 
Recuerdo también sus manos callosas esculpiendo la cálida y suavísima cuajada, empapada de suero y sueños imposibles.
Recuerdo sus ojos, sí, enfebrecidos y pardos como la tierra mojada que brilla con los últimos rayos de esos atardeceres rojos en los que no cabe el mundo, pero sí el nombre pequeño de las cosas que valen... 
Recuerdo su andar sonoro, con el torso inclinado siempre hacia adelante, como el de esos atletas que intentan rozar con la yema de los dedos esa cinta huidiza -y última- de la vida que no deja la so puta de alejarse como una liebre nerviosa entre el romero en flor que pastaban -lo recuerdo bien- aquellas cabras de ubres que bravamente descendían hacia lo alto, sí, como las que bajaban del monte Galaad a balar en honor del rey don Salomón, el rey hermoso y justo del Cantar de los Cantares.
Se llamaba Desiderio. Le apodaban Carreras
y era en verdad un corredor de fondo 
experto en faldas caedizas de mujer
en camisas sudadas
y en tabaco Ducados
Era mi padre...




Gracias a este caballo negro, que corrió como un vencejo sobre los campos nevados de un pueblo perdido de La Mancha, ese hombre pudo salvar su pequeña vida de muchacho de 6 años de edad de quienes, a golpes de navaja travesera, pretendieron segarla y cumplir venganza de la vida de su padre -El abuelo sombrerón- en los primeros días de la Guerra Civil de esta España triste y agotada que se muere de orgullo y no lo sabe. 
Hoy has venido a visitarme mientras dormía. Has venido para recordarme  eso de "no le des al cigarreo, que con cuanto más picadura menos se pone dura". Has venido también para invitarme a la grupa de tu caballo e irnos "trote alante y de linde en linde" a las sombras iluminadas del Pozo Duz a llenar un cantarillo de esa agua fresca que aún cunde resplandeciente entre los chopos viejos. He vuelto a sentir tu olor  campo abrazado a tus espaldas, como en mi chiquez, y ahora mi corazón está lleno de caballos que relinchan por ti y pronuncian tu nombre mientras recorren -ardiendo- los oscuros laberintos de mi vida...
Sólo puedo decirte que tu hijo torpe no ha aprendido a arreglar los plomos doblados de su propia luz, pero -créeme-  cuántas veces lo ha intentado no por eso se ha fundido el mundo...




Pero me has mirado a los ojos y me has pedido que tire los pelillos a la mar...
 Lamento nuestra guerra interminable, Padre. 
Y lo lamento ahora, cuando la soledad -ganada a pulso-  brama en los campanarios de mi corazón y y en el de los míos;
cuando el perdón que uno suplica para sí mismo no es menor que el que se nos pide por quienes nos utilizaron e hicieron de nosotros -ese fue tu caso- una mera correa de transmisión de sus propias obsesiones. No es tan fácil perdonar, Padre,  no lo es ahora como no lo fue entonces, cuando tomé tu mano en el lecho de muerte para ayudarte a morir.  Nos quedaron muchas cosas por decir, demasiadas cosas colgadas de nuestros hombros como una taleguilla sucia que, de tan hinchada de reproches y soberbia, nos hizo imposible -a los dos- el último abrazo....




Tengo cincuenta y dos años, Padre; una hora -la mía- que "no es de los búhos ni de las alondras", y en la que se hace preciso arrojar, poco a poco, la basura  que el tiempo nos fue dejando en los cojones del alma. 
Así que tú tranquilo, Padre, tú tranquilo. Tú no eres muy distinto de lo que yo soy, pero tuviste mucho más difícil respirar el mismo aire que yo acierto a respirar un poco como quien se peina. 
A ti te emparedaron en tiempos de la guerra para que tu padre, perseguido y con la muerte en los talones, no estuviera solo con su propia nimiedad, y yo, al contrario que tú, y gracias a ti, y solamente a ti, crecí entre ovejas, borricos y libros de Dante y de Alejandro Dumas, como un espadachín minúsculo enfrentado a los aguerridos picos de las gallinas de un viejo corral. Nada que ver, absolutamente nada que ver.
Y yo lo reconozco. Y yo te lo agradezco, y sólo por eso, en esta larga noche en que aguardo el filoso canto de los bisturíes te tomo y te alzo y te beso y te dejo escrito en las espaldas con mi abrazo el mismo perdón que yo te pido ahora para mí, querido Padre...
No. No te preocupes, yo no soy Frank Kafka, y nunca faltará una flor sobre tu tumba.
Con ella te dejo ahora las únicas fotografías que me quedaron de ti, y un abrazo de hombre para que, en lo que a mí me toca, puedas marchar en paz, definitivamente en paz, so tu caballo negro. 
Gracias por llegarte a mi con tus tambores rotos para ayudarmearrancar de mi orgulloso corazón algunos de los barrotes dorados de su gigantesca cárcel. 


Noble Desiderio, padre querido...
Es tanto el miedo, es tanto mi miedo...






                                                                                   22 de enero de 2012.
                                                                                    Tumor mediante. 












viernes, 3 de febrero de 2012